Revolución y Contrarrevolución en Chile

De los Cordones Industriales de 1973 a la lucha revolucionaria de 2011
Una tarea pendiente: el derrocamiento revolucionario del régimen pinochetista
Ediciones "El Cordonazo"

“El Cordonazo” fue el vocero de los obreros del Cordón Industrial Vicuña Mackenna en 1973. Los Cordones Industriales, organismos de doble poder de los obreros autoorganizados, expresaban lo más avanzado del proletariado chileno. La clase obrera, para enfrentar el golpe contrarrevolucionario, debía romper con el gobierno de frente popular de Allende y con las direcciones que desorganizaban y desarmaban sus filas, sometiéndola a la burguesía con la política de “vía pacífica al socialismo”, mientras el gobierno “popular” nombraba al genocida y golpista Pinochet como Comandante en Jefe del Ejército.

A pesar y en contra del Partido Socialista, el Partido Comunista, el castrismo y sus colaterales como el MIR, los obreros de los Cordones Industriales comenzaban a romper con Allende para enfrentar el golpe. Las masas abrían un ángulo de 180° con sus direcciones, levantando organismos de doble poder armados, marcando verdaderos jalones de socialismo en la revolución chilena.

Desde esta perspectiva, las nuevas generaciones revolucionarias podrán comprender la magnitud de las capitulaciones de los renegados del trotskismo en la posguerra, que en Chile se pagaron muy caro. La IV Internacional en ese país, influenciada por el pablismo, tenía a sus militantes disueltos en el MIR, sometidos al castrismo y su “vía pacífica al socialismo”. Por el oportunismo de los liquidadores de la IV Internacional no hubo en Chile una dirección revolucionaria que llevara a la victoria la revolución de los ’70. Todos ellos venían de capitularle y adaptarse al stalinismo en la posguerra, y fueron quienes colaboraron en la derrota de la revolución chilena, latinoamericana y mundial. Hoy continúan colgados de los faldones del stalinismo, que es expulsado de las organizaciones de lucha de las masas al grito de “los pacos de rojo son los peligrosos”.

En la revolución chilena se enfrentaron dos teorías y dos programas. La teoría marxista de la Revolución Permanente versus la teoría stalinista de “revolución por etapas”, que somete al proletariado a la burguesía. En Chile, socialismo y fascismo se vieron la cara. El programa del trotskismo pasó la prueba, mientras las capitulaciones de sus liquidadores sólo marcaron jalones de derrotas. La traición del pablismo a la revolución boliviana de 1952 y a la revolución chilena sacó a la luz la cobardía y las capitulaciones de los renegados del trotskismo al stalinismo.

Es en las lecciones de los procesos revolucionarios donde las nuevas generaciones de revolucionarios podrán conquistar las condiciones para la victoria del proletariado mundial. Y éstas comienzan por separar, implacablemente, las banderas del stalinismo, los socialistas de palabra y agentes del imperialismo en los hechos, de las auténticas banderas de la revolución socialista mundial: las banderas del trotskismo y la IV Internacional.

Editorial Socialista Rudolph Klement

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